martes, 27 de noviembre de 2012

el otoño da paso al invierno azul...



 El otoño comienza a dar paso al invierno. Los cálidos aromas se vuelven más fríos y azules, ha quebrarse los rayos de sol que todavían calentaban, y la nieve y el hielo a hacer acto de presencia. El aire huele a invierno, a Navidad, las manos y la nariz se tornan coloradas y nuestras botas pisan los numerosos charcos de las infinitas lluvias. El cielo es brillante y limpio, o cubierto de nubes grises y lúgubres que acechan rasgar el cielo de luz durante un apenas un perceptible instante. El hielo es frío, pero quema, se quiebra su cristalina belleza, sus múltiples facetas reflejan, espejos del subconsciente, el aliento invernal que se acerca.
Y todo tiene ese matiz azul...

miércoles, 21 de noviembre de 2012


La justicia por la mano

Aquellos que tiene fama de honrados en la ciudad,
me robaron tanta blancura que yo tenía;
me echaron estiércol en las galas de un día,
la ropa de diario me la pusieron en tiras.

Ni piedra dejaron en donde yo viviera;
sin hogar, sin abrigo, vagué por las huertas;
al raso con las liebres dormí en los campos;
mis hijos…, ¡mis ángeles…! Que tanto yo quería,
¡murieron, murieron con el hambre que tenían!

Quedé deshonrada, me mancharon la vida,
me hicieron un lecho de tojos y zarzas;
y en tanto, los zorros de sangre maldita,
tranquilos en un lecho de rosas dormían.

-¡Salvadme, o, jueces!- grité…¡locura!
de mí se burlaron, me vendieron la justicia,
-buen Dios, ayúdame- grité, grité aún…
tan alto que estaba, el buen Dios no me oyera.

Entonces, cual loba doliente o herida,
de un salto con rabia cogí la hoz,
rondé despacito…¡ni las hierbas sentían!
Y la luna se escondía, y la fiera dormía
con sus compañeros en cama mullida.

Los miré con calma, y las manos extendidas,
de un golpe, ¡de uno solo! Los dejé sin vida.
Y me senté contenta, al lado de las víctimas,
tranquila, esperando por el alba del día.

Y entonces…, entonces se cumplió la justicia:
yo, en ellos, y las leyes, en la mano que los hiriera.

Traducción libre del poema: “A xustiza pola man” de Rosalía de Castro
-No vengas, estoy loco.
-Si tú estás tan loco como para ir, yo estoy tan loca como para seguirte.
-Sí, lo estás.
-¿Me llamas loca por tener esperanza? ¿Acaso no es la esperanza lo que nos mantiene cuerdos? ¿Lo que te empuja a seguir? ¿Lo que nos empuja a hacer todo? ¿Estoy más loca por tener esperanza o por posarla sobre ti? Yo creo que me volvería loca si no tuviese ni un ápice de esperanza sobre el que apoyarme. Eso creo yo, y, aunque nunca lo reconozcamos, en el fondo siempre conservamos una ínfima porción de esperanza en el fondo de nuestro corazón, pase lo que pase, es la base de lo que nos mueve a realizar cosas imposibles.
-Entonces no son imposibles.
-Sólo si no las intentamos.