lunes, 28 de julio de 2014


 
Suspensa, quieta, flotando en el agua. Inerte hoja llena de vida cuyos colores perviven a las inclemencias del otoñal estío. Turbia y mansa agua que la sustenta, ninfas cuyos dedos se extienden para mantener la melancólica hoja que, caída del árbol, navega a la deriva  mientras las frías y pensativas cariátides de los antaño gloriosos edificios del parque vigilan su lento partir.

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