miércoles, 17 de septiembre de 2014

Una gota de...

Una gota de sudor cayó por mi frete y resbaló hasta mi brazo. Todos los ruidos al mí alrededor se fundieron en uno solo hasta desaparecer, lentamente, pero a una velocidad atroz. El ruido del público emocionado, aun antes de que empiece la competición, el surtidor de agua, sonido me engatusaba, consejos de nuestros entrenadores, que junto a nuestra familia rezaban para que ganásemos. Para mi no era solo ganar o perder, era el futuro, el hecho de poder dedicarse a lo que uno más ama en este mundo para lo que siente que ha nacido y hace entrar en un mundo maravilloso. Pero no había tiempo para sentir nada más de lo preciso. Giré el cuello y todo mi cuerpo lleno de electrizante energía crujió, aspiré aire lentamente, me encantaba el olor del cloro, que llenaba mi vida y recordaba toda mi existencia, desde que tenía memoria el olor inconfundible del cloro me ha invadido y custodiado. Abrí los ojos energéticamente y mi mirada trasmitía frialdad y decisión. Miré un poco al frete, mirando al futuro, a todos mis miedos, incluido los más recónditos como la muerte y me coloqué en posición. Cuando el pitido del silbato, agudo penetrante, erizante, sonó no pude evitar que mis temores volviesen a mí, pero con un poco de concentración de un perfecto saltó me zambullí en la que un segundo antes era una  perfecta masa de agua  lista para que siete chicas de aproximadamente la misma edad lucháramos por nuestro sueño. La natación.